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Días grises

  • Sep 24, 2023
  • 1 min read

Updated: Aug 17, 2025


Hay días que nos encuentran más vulnerables. Como si de repente estuviéramos más expuestos al desánimo, nos dejamos agobiar por las preocupaciones, y las dificultades próximas y lejanas se amontonan como negros nubarrones sumiendonos en una semi-penumbra. Nos preocupa esa reunión difícil que hay que afrontar en unos días, así como la duda de si seremos capaces de formar y sostener esa familia con la que soñamos. Nos aguijonea el miedo a fracasar y, acaso todavía más ponzoñoso, el miedo a que el éxito -sea lo que eso signifique- nos resulte insípido. Las expectativas de los demás sobre nosotros, que en su día nos hincharon el pecho de orgullo, nos resultan ahora una carga agobiante. Y detrás de todo eso subyace la pregunta por el sentido, por la razón de ser de nuestra existencia, con toda su carga inherente de anhelos, preocupaciones, sueños, desencanto, alegría, tristeza, amor y dolor. Quienes tenemos la dicha, el regalo, de haber recibido la fe en un Dios personal que nos ama, encontramos en esa sola certeza la manera de desanudar la maraña de pensamientos que nos atrapa de vez en cuando. Sabiendonos amados desde toda la eternidad, logramos hacer frente a la oscura incertidumbre que amenaza con engullirnos, mientras esperamos que el sol vuelva a brillar para nosotros. Sabemos que lo hará, y disfrutaremos con renovada alegría de su generoso calor.

 
 
 

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