Cuidar nuestro corazón
- Mar 24, 2024
- 1 min read
Updated: Aug 17, 2025

Sucede a veces que una circunstancia de nuestra vida –el trabajo, una situación familiar, una amistad o una sensibilidad particular– nos lleva a estar en contacto estrecho con el dolor ajeno, ese hecho escandaloso que nos interpela, casi como reclamando una respuesta. Sucede muchas veces que intentamos involucrarnos, poner un poquito –o mucho– de nosotros para paliar esa necesidad y, de alguna manera, dar respuesta a ese interrogante. Y empezamos a sentir el desgaste. De alguna manera intentamos poner límite a nuestra entrega, para proteger nuestra propia integridad. Levantamos barreras para que el dolor ajeno no nos duela tanto a nosotros, al punto que nos incapacite para la respuesta. En ese proceso, muchas veces nos terminamos insensibilizando. De la compasión, el sufrir con el otro, pasamos a la indiferencia: Con tal de no salir lastimados, elegimos no sentir. Pero sin ese sentir común se apaga la pasión, el deseo de bien, y nuestro obrar se ve recubierto por una pátina de rutina. Creo que la respuesta está en algún punto entre la indiferencia y la desesperación, y que esa respuesta tiene que incluir necesariamente una dosis de compasión, la suficiente para mover el obrar; y otra de confianza, para no perder la serenidad frente a las tormentas que se abaten sobre nuestros hermanos. Sólo así lograremos cuidar nuestro corazón.
.jpg)



Comments